miércoles, 25 de marzo de 2020


Esta sandía aplastada contra el piso.
Diamante frutal parece arrancado, de dónde,
las palabras escritas en cientos de fotocopias cuando estudiamos,
hay que encontrar una familia para el texto,
que no se quede huérfano, adoptarlo.
En ese momento supe que eras vos con quien yo quería estar.
Quiero.
Siempre quiero estar con vos.
No me canso.
Una mirada pacientemente pela una fruta, ya va, qué apuro tenemos,
desenmascarar, ya se va a producir algo importante.

Te llevarías mi corazón a la boca?
O yo, qué haría con el tuyo.

No supe si era posible volver a nacerlo?

No me da impresión juntar del piso.
Ni juntarte.

Era eso.
Una forma rara de mirarnos.
Mitad mentira, mitad real.
Sería entre las manos que agarran para que otros no aplasten
enchastren
echando oportunidades a perder.

En cambio, una apuesta.

Si te levanto y te como, renacerás.
Si me levantás y lo comés renacerás.
Una esperanza mutiplicada.
Como si reconocidos en esa imagen y en ese mismo momento comenzara una vida inabarcable.


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