jueves, 26 de marzo de 2020


No desaparecen las personas si desaparece un papel.
Te puede pasar lo perdés, se vuela,
no te das cuenta todo el tiempo dónde dejás las cosas.
Ellas se dejan,
nosotros nunca nos dejamos abandonados en el cordón de la vereda universitaria
era nuestra verdad a medias.
Mitad adentro mitad afuera de las cosas.
Como la cabeza de un pájaro en un nido,
algo supo, algo no sabe, expectante.
Después dijiste algo así como es más fácil querer un mármol, una ruina que una flor
y yo dije comprobémoslo.

Ese día había ido a cursar sin zapatos, entonces me miraste preguntándote,
se los habrá olvidado? lo hará a propósito? o con un propósito escondido?
Y te llevaba para mostrártelo.

En colectivo hicimos un viaje que llega hasta hoy.
Había un palacio, catedral y cárcel a la vez.
Contemplamos sus ventanas oscuras y sus columnas que sostienen lo demás.
Era injusto, lo es.
Que dos o tres piernas tengan que aguantar el peso de los que no están.
Eso es un cuerpo?
Es una forma insana de aprender arquitectura, sociología, comunicación.
Las cosas destacadas reclamaban una explicación.
No es fácil encontrar.
Pero llegamos a detectar el color azul eléctrico de una flor
que a su vez estaba unida con cientos más.
Enseguida dudamos del origen de la reproducción en una ruina y por qué nos atraía.
Los dos ahí imantados porque se nos antojó,
en cambio de estar atentos y sentados en un aula.

Es fácil mentir. Es difícil mentir.
Es fácil decir la verdad. Es difícil decir la verdad.
Era lo que veíamos estaba pasando.

La supervivencia de una flor en esa construcción parecía un soplo,
una oportunidad perdida de sus dueños,
no la habían podido llevar a cabo pero existía.

Entonces pensamos que cada vez que no supiéramos decirnos algo o no encontráramos las palabras
íbamos a ir hasta ahí
a corroborar un indecible.
Nuestro amor sujeto con tallos.

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