lunes, 20 de abril de 2020


Estaban las persianas cerradas
nadie sabía que estaba con vos
acosta perdí la cuenta
cuántos días habían pasado.

Había tanto para estudiar
explicar
tanto para escaparnos de nosotros mismos.

El país era un gran charco de barro que leíamos
sin levitar.

Discutíamos sin precipitarnos.
¿Nos daría miedo levantar la voz?
Si estaban todos dormidos en tu casa esa noche.
¿O estábamos tan solos que tendríamos miedo de nosotros mismos?

Teníamos las palabras.
¿O ellas nos habían tomado de rehenes a nosotros?
¿Las ideas escuchadas desde una grada nos hacían grandes o pequeños?

En una cucheta quedamos en una encrucijada de madera.
Uno abajo del otro.

Cuando abrí la ventana el paisaje conocido estaba mojado.

Salí a chapotear y escuché sonidos

cómo se producen las uniones entre las cosas distantes.













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