jueves, 16 de abril de 2020


Los días en que escribíamos con ramas caídas de los árboles
era una forma de detener el tiempo?
un descanso para luciérnagas las esclavas
al lado nuestro
no pretendíamos más que mirarlas
sin enfrascarlas.

Por qué utilizar la vista repentina
en eso se había transformado el lenguaje del que descreímos
pinchar un bocado para eternizarlo en un cuerpo
un instante en una madera vieja
querer que dure más lo que no tiene por qué
el sentido total de un momento se despliega
dejando a un lado las piernas pesadas de caminatas por el interior de monumentos
son momentos congelados.

Desde un punto microscópico hasta alcanzar los árboles, las flores,
los espejismos de las nubes sobre nuestros cuerpos
nos damos cuenta de un nueva lengua
que mientras vive, se pierde, y es un trabajo enorme seguirla,
desprendemos de una herramienta
nos aparea con lo que pasa.

Pusiste mi nombre y el tuyo sobre el pasto
sabiendo que el viento o las patas de cualquier animal
podía moverlos
dónde llegaríamos
vos con tu malla color verde
yo con la mía azul
estábamos dispuestos a ser dirigidos
donde el viento llevara palabras
nos iban a pasar cosas.




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