¿Cómo
podemos escuchar las voces de los jóvenes si trabajamos
con 210 o
más cada semana?
El primer
día de clases lxs invito
a escribir
una presentación de ellxs
a partir de
un cuento escrito por la joven
Morena Vega
que se titula “Lo bueno de escribir”
las preguntas
disparadoras son: qué les gusta, qué no,
cuándo se
sienten reconocidos, cuándo no,
qué cambios
registran entre quienes fueron en la escuela primaria
y quienes
son ahora en la escuela secundaria.
En esos
textos expresan:
miedos,
silenciamientos, casos de acoso escolar, tristezas familiares y sociales,
además de
un sinfín de afirmaciones maravillosas.
Ahora bien,
cuando una registra situaciones que deben ser derivadas al DOE
-Dirección
de Orientación al Estudiante-
se
encuentra con que no hay más de un psicopedagogo por escuela y un/x psicólogo
desbordados
de problemas porque una escuela no es una isla,
está
atravesada por políticas públicas concretas:
Reducción
de participación del Estado en la mediación entre ricos y pobres
y sus
consecuencias:
baja de
salarios
recorte de
personal
falta de
mantenimiento edilicio
reducción
de becas alimentarias
falta de
inversión en computadoras para cada alumnx se la lleve a su casa
y de compra
de libros tanto para las bibliotecas
como para
que subrayen ellxs mismos,
lo que
supone una paradoja respecto de la prohibición del uso de celulares
porque sin
libros y sin computadoras, con qué estudiamos
dado que el
costo de las fotocopias es altísimo,
cierre de
escuelas especiales
e “inclusión
excluyente” de un sinfín de alumnos
puesto que
no hay presupuesto para materiales, adecuaciones espaciales
ni para el
salario de profesionales que acompañen esas trayectorias.
A los
problemas presupuestarios
se le suma
un tipo de educación basada en el entretenimiento
-acorde a
la hegemonía de los videojuegos vigentes-
basada en
el festejo de IA, el Chatgpt
sin que
antes la escuela se haya hecho un tiempo y un espacio
para recolectar
las voces de lxs estudiantes
entonces
entre la repetición de autores consagrados
y la IA
se pasan
por alto sus historias
los idiomas
palabras de
auxilio y amor.
Perdemos la
posibilidad de encontrarnos en punto intermedio de una y otra edad
pero no
para mostrar en una feria institucional
y que el
gobierno saque fotos
sino para
darles un lugar a sus palabras en el aula
escucharlas,
escribirlas, alojarlas.
Porque ese
trabajo demanda pensar:
por un lado,
en el miedo que sienten de escribir
-quizá
porque se hayan priorizado las reglas de la lengua
más que aquello
que cada unx quería, deseaba, necesitaba decir,
la
hegemonía de una lengua reina
que sigue
desconociendo, porque no figura en el programa de casi ninguna materia,
el mapa de
las lenguas indígenas que se hablan al día de hoy en el territorio nacional
y, por otro
lado, la pregunta sobre la escritura creativa
por parte
de quienes impartimos esta materia
en función de
que el nombre de esta materia invite
no sólo a
estar sentado leyendo
sino
escribiendo, como forma de pararnos.
¿No nos
hace ruido el hecho de que, dada la cantidad de alumnos,
sigamos
pidiendo silencio
y que, por
esa misma razón,
sigamos
evaluándolos a partir de la repetición
de
estructuras que lo único que hacen
es volverse
eco de lo que el profesor ya sabe?
La cantidad
de alumnos a cargo de un docente atenta contra la calidad humana.
Si
tuviésemos la mitad de estudiantes a cargo
podríamos
dar consignas de escritura,
en las
horas extra clase tener tiempo para leer
hacer
devoluciones
para que
ellxs pasaran en las computadoras del colegio
por segunda
vez sus palabras.
Al cabo de
un año tendríamos uno o dos libros que recopilara el trabajo realizado.
El libro
como un lugar para estar
un lugar
intermedio entre el pasado y el futuro.
Pero eso
requiere un tiempo
que la
escuela del presente no está pensando en dar.
Un tiempo
para que cada estudiante escuche lo que siente
piensa
enoja
desea
pasa
y lo
escriba con seudónimo para compartir con otrxs
que
seguramente les pasa lo mismo.
Se
necesitan más docentes
más
profesionales de la salud
gobiernos
que creen y lleven adelante
programas
que favorezcan al pueblo:
a los padres
y las madres de lxs alumnxs
que tengan
un trabajo digno de no más de 8 horas
para que
haya un tiempo y un espacio para compartir
que puedan
comer como corresponde,
a lxs
docentes
que estamos
trabajando tres jornadas de trabajo
cuatro si
contamos las tareas domésticas y de cuidado de la propia familia,
a lxs
estudiantes,
a las
escuelas para que estén pintadas, calefaccionadas, refrigeradas,
con tantos
profesores que presenten atención
no solo
miren.
La escuela
es un hermoso lugar
para pensar
otras maneras de vida.
Una escuela
que no de tareas para el hogar
que enseñe
la importancia de cuidar, descansar y disfrutar
que enseñe
a ayudarnos
a tener un
proyecto común:
leer para
hablar
escribir para
conocernos
compartir
para pensar mejor.
Quizá para
evitar que se repita la muerte
tenemos que
nombrar lo que duele
como el
otro día dijo un alumno de 14 años
“la
realidad es una mierda porque hay
Hambre
Guerras
Gente
durmiendo en la calle
Gente que
come basura
Y no sabemos
qué vamos a hacer en el futuro”.
Que nombrar
lo que nos pasa
sea un
trabajo diario
escuchar una
forma de solidaridad
y tener
tiempo libre para pensar y escribir
conversar más
que evaluar cómo seguir juntxs
lxs
profesores y lxs alumnos.
Prestar
atención requiere menos horas de trabajo
más
docentes
para escuchar
con amor.
T.D.




