viernes, 3 de abril de 2026

¿Cómo mejorar algo a lo que no se le hace un lugar?

 





¿Cómo podemos escuchar las voces de los jóvenes si trabajamos

con 210 o más cada semana?

El primer día de clases lxs invito

a escribir una presentación de ellxs

a partir de un cuento escrito por la joven

Morena Vega que se titula “Lo bueno de escribir”

las preguntas disparadoras son: qué les gusta, qué no,

cuándo se sienten reconocidos, cuándo no,

qué cambios registran entre quienes fueron en la escuela primaria

y quienes son ahora en la escuela secundaria.

En esos textos expresan:

miedos, silenciamientos, casos de acoso escolar, tristezas familiares y sociales,

además de un sinfín de afirmaciones maravillosas.

Ahora bien, cuando una registra situaciones que deben ser derivadas al DOE

-Dirección de Orientación al Estudiante-

se encuentra con que no hay más de un psicopedagogo por escuela y un/x psicólogo

desbordados de problemas porque una escuela no es una isla,

está atravesada por políticas públicas concretas:

Reducción de participación del Estado en la mediación entre ricos y pobres

y sus consecuencias:

baja de salarios

recorte de personal

falta de mantenimiento edilicio

reducción de becas alimentarias

falta de inversión en computadoras para cada alumnx se la lleve a su casa

y de compra de libros tanto para las bibliotecas

como para que subrayen ellxs mismos,

lo que supone una paradoja respecto de la prohibición del uso de celulares

porque sin libros y sin computadoras, con qué estudiamos

dado que el costo de las fotocopias es altísimo,

cierre de escuelas especiales

e “inclusión excluyente” de un sinfín de alumnos

puesto que no hay presupuesto para materiales, adecuaciones espaciales

ni para el salario de profesionales que acompañen esas trayectorias.

A los problemas presupuestarios

se le suma un tipo de educación basada en el entretenimiento

-acorde a la hegemonía de los videojuegos vigentes-

basada en el festejo de IA, el Chatgpt

sin que antes la escuela se haya hecho un tiempo y un espacio

para recolectar las voces de lxs estudiantes

entonces entre la repetición de autores consagrados

y la IA

se pasan por alto sus historias

los idiomas

palabras de auxilio y amor. 

Perdemos la posibilidad de encontrarnos en punto intermedio de una y otra edad

pero no para mostrar en una feria institucional

y que el gobierno saque fotos

sino para darles un lugar a sus palabras en el aula

escucharlas, escribirlas, alojarlas.

Porque ese trabajo demanda pensar:

por un lado, en el miedo que sienten de escribir

-quizá porque se hayan priorizado las reglas de la lengua

más que aquello que cada unx quería, deseaba, necesitaba decir,

la hegemonía de una lengua reina

que sigue desconociendo, porque no figura en el programa de casi ninguna materia,

el mapa de las lenguas indígenas que se hablan al día de hoy en el territorio nacional

y, por otro lado, la pregunta sobre la escritura creativa

por parte de quienes impartimos esta materia

en función de que el nombre de esta materia invite

no sólo a estar sentado leyendo

sino escribiendo, como forma de pararnos.

¿No nos hace ruido el hecho de que, dada la cantidad de alumnos,

sigamos pidiendo silencio

y que, por esa misma razón,

sigamos evaluándolos a partir de la repetición

de estructuras que lo único que hacen

es volverse eco de lo que el profesor ya sabe?

La cantidad de alumnos a cargo de un docente atenta contra la calidad humana.

Si tuviésemos la mitad de estudiantes a cargo

podríamos dar consignas de escritura,

en las horas extra clase tener tiempo para leer

hacer devoluciones

para que ellxs pasaran en las computadoras del colegio

por segunda vez sus palabras.

Al cabo de un año tendríamos uno o dos libros que recopilara el trabajo realizado.

El libro como un lugar para estar

un lugar intermedio entre el pasado y el futuro.

Pero eso requiere un tiempo

que la escuela del presente no está pensando en dar.

Un tiempo para que cada estudiante escuche lo que siente

piensa

enoja

desea

pasa

y lo escriba con seudónimo para compartir con otrxs

que seguramente les pasa lo mismo.

Se necesitan más docentes

más profesionales de la salud

gobiernos que creen y lleven adelante

programas que favorezcan al pueblo:

a los padres y las madres de lxs alumnxs

que tengan un trabajo digno de no más de 8 horas

para que haya un tiempo y un espacio para compartir

que puedan comer como corresponde,

a lxs docentes

que estamos trabajando tres jornadas de trabajo

cuatro si contamos las tareas domésticas y de cuidado de la propia familia,

a lxs estudiantes,

a las escuelas para que estén pintadas, calefaccionadas, refrigeradas,

con tantos profesores que presenten atención

no solo miren.

La escuela es un hermoso lugar

para pensar otras maneras de vida.

Una escuela que no de tareas para el hogar

que enseñe la importancia de cuidar, descansar y disfrutar

que enseñe a ayudarnos

a tener un proyecto común:

leer para hablar

escribir para conocernos

compartir para pensar mejor.

Quizá para evitar que se repita la muerte

tenemos que nombrar lo que duele

como el otro día dijo un alumno de 14 años

“la realidad es una mierda porque hay

Hambre

Guerras

Gente durmiendo en la calle

Gente que come basura

Y no sabemos qué vamos a hacer en el futuro”.

Que nombrar lo que nos pasa

sea un trabajo diario

escuchar una forma de solidaridad

y tener tiempo libre para pensar y escribir

conversar más que evaluar cómo seguir juntxs

lxs profesores y lxs alumnos.

Prestar atención requiere menos horas de trabajo

más docentes

para escuchar con amor.

 

T.D.