domingo, 31 de mayo de 2020


Hablo con mi madre convertida en árbol
su tronco delgado
en una maseta gigante hace que baile.
Me dice que no hay nada que hacer
se ríe
se desenraizó
se está por secar.
Yo la acomodo
lo acomodo
de un lado al otro de un círculo
para ver si con presión
encuentra su lugar u otro para seguir como hasta ahora.
Me pregunta: ¿sin raíces cómo voy a hacer para absorber el agua?



Y, desesperada, busco un recipiente para salpicarle gotas que caen al piso.
¿El árbol llora por mí?
¿llora mientras la estoy resucitando?
en un acto las palabras dejan de existir
¿dije todas las que quise?
por qué no callarme la boca
por qué querría decirlas.
Y se precipita hacia un costado.
Sus manos son ramas quebradas
una cruz
que dispongo en el techo de mi vida
para que cuando la familia y los amigos pasen
la saluden.


sábado, 30 de mayo de 2020


Depositar el peso del cuerpo sobre un dibujo
un modo ondulado de escapar
de lo infernal
sentada 8 horas por día frente a una máquina
respondiendo
preguntas con las yemas de los dedos
desde los pies hasta los ojos
quiero cerrar
en una zambullida hacia otra cosa
estirar la espalda
los pies
que un ser me lleve sin tener que mirarlo
pasear con los ojos cerrados
pensar con los ojos cerrados
sentir con los ojos cerrados
hablar con los ojos cerrados
comer con los ojos cerrados
comprar los ojos cerrados
escribir con los ojos cerrados
hasta crear un lenguaje de burbujas
incógnitas
breteles finos entre lo que conocemos
y lo que de golpe no
nunca tuvimos oportunidad de conocer
no quiero que me suelte en el océano
en el espacio
en la calle
este animal
confiar humano
en las estrellas
en las banderas
en los cometas
en las extremidades que hacen que me mueva
como si el lenguaje completo tuviera una cola
parecida a la de un zorro
y fuesen pelos despeinados de un pincel
los que persigo en un cuadro
en el horario de trabajo.