viernes, 4 de septiembre de 2020

Gracias Daniel Gigena y Flor Monfort por esta reseña tan atenta!

LAS12

04 de septiembre de 2020

VISTO Y LEIDO

Voces remixadas

Las escritoras Selva Dipasquale y Tamara Domenech presentan dos libros digitales en los que trabajadores de diversos oficios y artesanxs de Villa Luro y Santa Rita dejan oír sus acentos en colecciones de poemas.

Por Daniel Gigena

“En nuestros barrios priman los comercios donde se venden productos o servicios realizados a partir del desarrollo de oficios: relojero, carpintero, dibujante técnico, restaurador de cacerolas y cuchillos, zapatero, peluquera, peinadora, marquero, pintoras artesanas, modista, jardinero, ceramista, cerrajero y tatuador –se enumera en el prólogo de Poética de los oficios (A Capela Ediciones), de las poetas Selva Dipasquale y Tamara Domenech, y la artista Sonia Neuburger–. Es así como sentimos la necesidad de indagar sobre estos saberes, herramientas, formas de moldear la materia, el tiempo. Y dárnoslo, en medio de obligaciones diarias para entrar, preguntar, escuchar y escribir poemas”. Los barrios porteños son Villa Luro y Santa Rita, y los trabajadores que prestaron sus voces para las “notas de campo” de Dipasquale y Domenech aparecen retratados en los dibujos de Neuburger, hechos a partir de fotos.


“Voces oídas, remixadas, recompuestas, trasmisiones reinterpretadas a cuatro manos”, define Roxana Páez este repertorio en un epílogo que incluye, además, un poema suyo. El volumen tiene otros dos epílogos (de los poetas Carlos Battilana y Eduardo Mileo) y un glosario con acepciones de las palabras usadas por los entrevistados; ahí también se advierten las manos de las poetas: “Cabezas: 1. Telgopor, cera, goma, silicona, plástico, yeso, bronce, mármol, animal, humana. 2. Abejas borrachas de amor. 3. Portasueños”. Haciendo honor a una de las metas del proyecto, el libro se asemeja a una caja de herramientas provista de conceptos, versos e imágenes. Como se lee en el poema-entrevista a Jorge Ríos, un dibujante técnico de 93 años, “un poema contacta al cuerpo/ sobre papel manteca la técnica deja su pulso”.

 

En Tallar te obliga a pensar en las cosas, segundo trabajo colaborativo de las escritoras, los poemas fueron escritos a partir de la edición de entrevistas realizadas a artesanxs de la provincia de Buenos Aires y de la ciudad de Buenos Aires. “Tuvimos en cuenta las respiraciones, las pausas, los silencios para la conformación de versos –dice Domenech-. Una vez transcripta la entrevista, escribimos juntas un poema sobre un objeto que nos llamó la atención”.

 

El libro presenta una serie de trípticos donde aparecen las voces de los artesanxs, un dibujo de Romina Ger y el poema a dúo de Dipasquale y Domenech, en ese orden. Lo cierran epílogos de Cristina Schiavi y David Wapner. “Pienso en la palabra palabra/ ¿Será consciente de que transmite algo más que información?/ Nunca te dejaría al cuidado de una de ellas/ acostadas las letras/ en fila india/ tan dependientes de la mente/ cómo harían para cuidarte”, se lee en uno de los poemas. “Utilizamos este procedimiento para dejarnos llevar por la impresión de que todxs escribimos poesía –concluye Domenech, editora y artista además de poeta–. Unos lo hacen en talleres literarios, otros lo hacen en sus trabajos, otras lo hacemos a partir de una conversación”. Originales y repletos de ideas sobre la poesía, el diálogo, el trabajo y la ética de la escritura, ambos libros se pueden adquirir en formato digital a través de la página de Ediciones A Capela (www.edicionesacapela.wordpress.com) o descargar en forma gratuita de la página de Facebook de Biblioteca Virtual. Cuando la pandemia haya quedado atrás, está previsto que se publiquen en papel.  

https://www.pagina12.com.ar/289060-voces-remixadas

lunes, 6 de julio de 2020

Presentación: Tallar te obliga a pensar en las cosas. Entrevista, poemas y dibujos. Selva Dipasquale Tamara Domenech Romina Ger. Sábado 22 de Agosto, 19 hs. Biblioteca Virtual.


Palabras preliminares

Este libro surge a partir del deseo de detenernos en obras realizadas por distintos artesanos y artesanas de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires que nos interpelaron por su belleza, al tiempo de registrar algunas respuestas en torno a las siguientes preguntas:

Cómo nombran aquello que confeccionan.

Qué historia los liga a la técnica.

Con cuáles materiales y herramientas trabajan.

Cómo definen las artesanías ¿Y al arte?

Qué piensan de la exhibición y venta de obra en el espacio público: parques, plazas, calles, bulevares.

Qué relación tienen con las piezas que producen. Si se encariñan, al venderlas, ¿las extrañan?

Cómo es un día de trabajo.

Qué satisfacciones vivieron en relación a los objetos que fabrican.

Cómo sería una obra que nunca hicieron y les encantaría realizar.

Y otras que fueron surgiendo durante las entrevistas. Cada transcripción en forma de verso fue acompañada por un poema dedicado al objeto que convocó mágicamente nuestra mirada, y fue dibujado por la artista Romina Ger, a partir de fotografías que le enviamos.

Pensamos que algunas personas entrevistadas comenzaron sus oficios a partir de un punto de inflexión en los trabajos que tenían, como monotributistas o en relación de dependencia: despidos, demandas excesivas por parte de patrones, exigencias personales, crisis económicas y políticas, en fin, y que las artesanías, esas miniaturas, constituyeron un modo de levantarse, creer en otras alternativas de manutención, darles oportunidades económicas a los pasatiempos, tener las manos ocupadas en vez de la razón, se curaron de algún modo, de las marcas que deja cualquier empleo viciado de explotación y curaron, a través de ellas, a quienes se las ofrecieron en exhibición. Otras personas, en cambio, desde muy chicas se iniciaron en el oficio aunque pudieron desarrollar su pasión artística varios años después. Como sea, se trata de vender objetos que pueden estar incluidos en una serie o colección pero que tienen un diseño único y la hechura del ser.
A medida que avanzamos en la realización de las entrevistas advertimos que quienes trabajan con sus manos hablan poesía. Con nuestro oficio de poetas registramos las inflexiones de la voz, las pausas del discurso para realizar los cortes de verso. En cuanto al contenido, tomamos nota del poema que nos fue dicho cada vez. Como escribió el poeta Aldo Pellegrini: La poesía es la reflexión de las cosas en el hombre pero al mismo tiempo la reflexión del hombre en las cosas. Así se establece una verdadera corriente que va del mundo al hombre y del hombre al mundo por un mecanismo de vasos comunicantes. Y esta corriente de doble signo es la vida misma pues para el poeta conocer y vivir son la misma cosa, porque poéticamente vivir significa descorrer el velo de lo desconocido.
En la palabra Arte - sanía está implícita la capacidad sanadora del arte, acaso, ¿existe el arte que no se haya creado para sanar algo roto y que en esa misma afirmación expansiva alcance a emocionar a quien lo ve? Y también, ¿las veces que nos levantamos no son a partir de cosas pequeñas, sencillas, cotidianas?

Tamara Domenech y Selva Dipasquale












Presentación: Póetica de los oficios. Entrevistas, poemas y dibujos. Selva Dipasquale Tamara Domenech Sonia Neuburger. Sábado 25 de Julio, 19 hs. Biblioteca Virtual.

Palabras iniciales: La tubería oculta

La posibilidad de la creación de este libro surge un sábado a la tarde del mes de diciembre de 2018, en el living de la casa de Selva, mientras conversábamos sobre literatura, noticias de amigos en común, hijos, la conflictividad social, todo junto en no más de tres horas y cada tanto silencios de mate y té hasta que surgió la coincidencia de sentirnos atraídas por los distintos oficios que existen en los barrios en los que cada una vive.
Villa Luro y Villa Santa Rita son cercanos en términos geográficos, en cuanto a la composición de los comercios que los habitan, los servicios que ofrecen y los horarios de apertura, descanso y cierre, la preeminencia de las siestas. Ese tiempo en el que se suspende el trabajo y motiva un extrañamiento respecto a la tendencia del estar abierto las 24 hs; disponibles más que dispuestas en torno a la lógica de las redes sociales; el delivery en bicicleta o moto, remeras de llamativos colores en las que los logos resaltan modos de precarización laboral. Prácticas del capital alborotadas que funcionan en torno a “comunidades de consumidores”, “clientes” y un sistema de “movilidad” capaz o incapaz de satisfacer de manera “rápida” por no decir “instantánea” aquello que se “necesita o se desea”.
En nuestros barrios priman los comercios donde se venden productos o servicios realizados a partir del desarrollo de oficios, mencionamos entre otros, los que en este trabajo pudimos relevar: Relojero, carpintero, dibujante técnico, restaurador de cacerolas y cuchillos, zapatero, peluquera, peinadora, marquero, pintoras artesanas, modista, jardinero, ceramista, cerrajero y tatuador. Es así, como sentimos la necesidad de indagar sobre estos saberes, herramientas, formas de moldear la materia, el tiempo. Y dárnoslo, en medio de obligaciones diarias para entrar, preguntar, escuchar y escribir poemas. En este sentido, cada una, después de visitar estos lugares y realizar una entrevista comenzó y concluyó un poema que fue enviado a la otra para que continuara su desarrollo a partir de la imaginación distante, disociada de no haber estado allí. Y así fuimos escribiendo un libro de a dos, o a cuatro manos.
Si la poesía fuera un oficio más, nos preguntamos cómo sería si sus técnicas, herramientas, temas fueran siempre los mismos. Y como nos negamos a la rutinización de la existencia, pensamos que este método de acercamiento a las personas y a las palabras, podría colaborar, con sus filtraciones sutiles, a crear nuevos u otros caminos dentro de los ya pautados, obligados, estandarizados.
Al hacer las entrevistas nos encontramos cada vez con personas apasionadas por su labor, todos dijeron hacer las cosas como si las hicieran para sí, y lograr sentirse satisfechos, plenos con un buen trabajo realizado y reconocido por quienes se los encargan. Cuerpos heridos pero vitales dando cuenta del malestar y del amor.
Al desplegar nuestro oficio de poetas, desgrabando, interviniendo las entrevistas y escribiendo los textos poéticos advertimos, a poco de andar, que los entrevistados en muchos fragmentos nos entregaban los poemas servidos en bandeja. Con Tamara viajamos en la sonoridad de las palabras que designan herramientas. Intervinimos, sí, pero también reescribimos historias de vida que nos fueron contadas con un entusiasmo, que no deja de sorprendernos, por darlas a conocer, con un agradecimiento que nos honra, somos nosotras las agradecidas con cada trabajador, trabajadora, artistas de la materia, que nos abrieron las puertas de su taller y nos compartieron anécdotas de sus vidas. Este libro nos convence de lo que se ha dicho muchas veces: La poesía es de todos y para todos. Está ahí a la vuelta de la esquina. Con sus alegrías y sus inmensos dolores. Poetas somos todos. Quizá, entre la docilidad y la resistencia, haya un tiempo para una manufactura mitad real mitad fantasía, trabajada por herramientas que opacan y lustran el espacio y el mobiliario que nunca dice nada sobre cómo son las cosas que hacemos, cómo pasan las personas que nos rodean, las cosas que son.
El arte como oxigenación, temple y gama hacia el encuentro con alguien.
Con el deseo de que las puertas que abrimos, y que sigamos abriendo, no nos priven de ciertos compromisos con aquello que nos rodea, de ciertos afectos. Nos gustaría concluir estas palabras iniciales con lo expresado por el poeta Fabio Morábito: Hay gente que cree, puesto que no los ve, los tubos no existen o no son importantes, gente que no tiene conciencia de que el agua no es mágica, sino que hay que llevarla por conductos concretos, conductos que representan un esfuerzo notable… Cuando veo unos tubos asomar por el revoque de un muro de una casa o de un establecimiento público, siempre me sorprendo. Ahí va el agua, me digo, como un perfecto tonto, y caigo de nuevo en la cuenta de que las cosas son más simples y más complejas de lo que se cree. Más simples, porque la idea de una tubería es bastante sencilla, tan sencilla que es casi denigrante; el agua se merecería un medio de transporte más digno que un tubo; y más complejas, porque como vivimos en una cultura del recubrimiento, del eufemismo, de la ocultación del esfuerzo, hemos terminado por creer que los tubos no existen y que todo ocurre detrás de los muros de una manera automática. En resumen, hay que recuperar, en todos nuestros actos, la tubería oculta, no perderla de vista, o como diría Antonio Porchia, acompañarla.

  Tamara Domenech y Selva Dipasquale