lunes, 20 de abril de 2020


Estaban las persianas cerradas
nadie sabía que estaba con vos
acosta perdí la cuenta
cuántos días habían pasado.

Había tanto para estudiar
explicar
tanto para escaparnos de nosotros mismos.

El país era un gran charco de barro que leíamos
sin levitar.

Discutíamos sin precipitarnos.
¿Nos daría miedo levantar la voz?
Si estaban todos dormidos en tu casa esa noche.
¿O estábamos tan solos que tendríamos miedo de nosotros mismos?

Teníamos las palabras.
¿O ellas nos habían tomado de rehenes a nosotros?
¿Las ideas escuchadas desde una grada nos hacían grandes o pequeños?

En una cucheta quedamos en una encrucijada de madera.
Uno abajo del otro.

Cuando abrí la ventana el paisaje conocido estaba mojado.

Salí a chapotear y escuché sonidos

cómo se producen las uniones entre las cosas distantes.














Una mano es una casa?
Una canasta?
Un cementerio?
Me acuerdo el día que salimos de cremar a un bebé
era nuestro hijo
que en el hospital habían bautizado como un N.N.
Ese llamado telefónico
desde la morgue del hospital barrio de Almagro.
Me podría comunicar con fulano de tal?
No está, quién habla.
Puede hablar conmigo soy la mujer
la mamá del bebé que no está.
La llamo por eso
el abandono
si no retiran el cuerpo
si no retiran el cuerpo
iniciaremos acciones judiciales.
Y ahí fui y fuimos a la morgue,
a que nos entregaran el cuerpo
salió un cajoncito muy chiquito
y lo trasladamos en un auto negro muy grande
y en el cementerio
esperamos solos
el traspaso de un ataúd por una cinta magnética
desde el lugar donde estábamos hasta el más
el crematorio.
Yo lloraba
y tu mano fue una balsa entre los muertos.
Y después caminamos y miramos las flores.
Y después de muchas cuadras nos paramos en un negocio
que vendían objetos de cemento
y sin decirnos nada
se produjo una comunicación sobre cómo queríamos recordarnos
piernas de cemento
corazón de humano
palabras de rayos
grito de un animal que nace.
Después del dolor.
Siempre nace alguien.





domingo, 19 de abril de 2020


No querías que me fuera
ya había sacado los pasajes
necesitaba saber cómo era estar lejos físicamente de vos
vivir otras cosas
lejos de tu casa
la comodidad de los días iguales
a veces me preguntaba por qué te gustaba tan poco caminar
a mí me encantaba
si hubieras accedido a ese deseo me hubiera quedado
hablar de cosas que viéramos al pasar
ni pensar
ni escribir
ni hurgar
sólo señalar miniaturas del paisaje
abejas
grillos
flores
nubes
a vos te gustaba vivir con las persianas bajas
cerveza
y que estuviera dispuesta a la pelea.

Qué lindo fue irme muy lejos
llamarte desde otro país
que me contestaras con voz tosca
y que luego de pocas palabras
te cortara.

Con un amigo recorrimos una ciudad enorme
visitamos cada lugar que se nos presentaba.
Él quería quedarse un tiempo más
pero al cabo de un rato quería decirte en persona que, si bien te quería,
ya no quería estar con vos.

Todavía sueños a veces
que nos encontramos en un parque
una fiesta en la que estamos alegres
bailamos cualquier paso hasta la mañana siguiente
pero cuando el sol sale radiante sobre nuestras cabezas mareadas
es un indicador que debo irme.
A tu casa no. Nunca más volví a tu casa.

sábado, 18 de abril de 2020


El peso de mi abuelo
sobre mi hombro
y un bastón
de madera sobre el piso
entendí los apoyos fuertes y suaves de la lengua.

Yo creo que las veredas recuerdan los puntos de su paso
una pierna en el aire
otra en el piso
los pasos de cuatro pares de zapatos.

Desde mi hombro hablo
que estaba debajo de su cuerpo
como un fruto que pende de una rama
y no quiere caerse todavía.

La unión de algo con alguien para siempre
es el lenguaje
que sirve para abrazar momentos
en los que las palabras
nacen de las ganas de caminar con los demás.





viernes, 17 de abril de 2020


Enojándonos no ganábamos nada
las palabras malas ganaban
entonces dispusimos una sábana en el piso
y otra más otra
acolchado el suelo
andar descalzos sin temor al frío
o a cortarnos con un clavo que anduviera suelto

y en cambio de seguir gritándonos
aplastamos sobre nuestra ropa de cama
lo que no estuviera liso inferido correcto.

Una y otra vez muy fuerte
las huellas de nuestros pies se volvieron oscuras
y al cabo de un rato
habíamos creado una coreografía
un pentagrama dislocado
las notas daban vueltas sobre líneas blancas
amor no había ese día entre nosotros
pero en esa repetición de intimidades fuera de sitio
había una esperanza.








jueves, 16 de abril de 2020


Los días en que escribíamos con ramas caídas de los árboles
era una forma de detener el tiempo?
un descanso para luciérnagas las esclavas
al lado nuestro
no pretendíamos más que mirarlas
sin enfrascarlas.

Por qué utilizar la vista repentina
en eso se había transformado el lenguaje del que descreímos
pinchar un bocado para eternizarlo en un cuerpo
un instante en una madera vieja
querer que dure más lo que no tiene por qué
el sentido total de un momento se despliega
dejando a un lado las piernas pesadas de caminatas por el interior de monumentos
son momentos congelados.

Desde un punto microscópico hasta alcanzar los árboles, las flores,
los espejismos de las nubes sobre nuestros cuerpos
nos damos cuenta de un nueva lengua
que mientras vive, se pierde, y es un trabajo enorme seguirla,
desprendemos de una herramienta
nos aparea con lo que pasa.

Pusiste mi nombre y el tuyo sobre el pasto
sabiendo que el viento o las patas de cualquier animal
podía moverlos
dónde llegaríamos
vos con tu malla color verde
yo con la mía azul
estábamos dispuestos a ser dirigidos
donde el viento llevara palabras
nos iban a pasar cosas.




miércoles, 15 de abril de 2020


Creo que hay que hacer una obra nueva
dejar las colillas de cigarrillos que habíamos guardado en el fondo del patio el recreo, mezcladas con cabellos, saliva y un montón de pensamientos sueltos.
Qué sabemos nosotros de esos restos, qué pretendemos saber guardamos?
Destellos pagados de una clase
humo imposible de retener en dónde, un bolsillo, un papel, una botella?
La civilización que pasa por un edificio público
hay distintos modos de aprobar
un examen
volverse a aceptable para quien ejecuta un poder
y nosotros debajo, en el piso, hurgueteando qué.
Deshechos.
Por eso pienso en que pintemos un cuadro total un abanico que abarque
las paredes de nuestros dormitorio
del aula
del patio del trabajo
con el dibujo de dos cigarrillos a fumar
y que desde el humo o desde los dedos que los sostienen
nos dejemos llevar por nuestra propia historia
o la vida de la profesora
el personal de limpieza
el directorio
lo que quieren nuestros compañeros.
Dos cigarrillos pintados de colore verde? Te gusta? Rosa? Dorado?
De qué color te gustaría que fueran los cigarrillos que acompañan nuestros deseos, nuestras incertidumbres,
la cabeza abierta como si se tratara de un telón,
en la que, después de mucho tiempo, aparecen personajes.
Tendrían vestimentas de la misma gama que los cigarrillos?
Y si ellos fueran los personajes de nuestro corazón?
Que llaman con una luz baja a otros
cientos de cigarrillos encendidos que alumbran un momento por vivir
pequeñas llamas que expresan sentimientos contenidos en cajitas con moños
entre los dientes
el mundo vuelto una transfusión de sangre que se activa
un remolino suave
que nos hace agarrar a un cuadro por pintar
conocer líneas de las manos
el pulso impulsado por contacto
por ilusión
aunque no sepamos cuándo y por qué termina la obra.
No esté pisada por nadie.
Ni levantada.
Sino sea nuestra creación.

martes, 14 de abril de 2020


Un arito círculo celeste imitaba un vidrio engarzado en alambre.
Los adornos del cuerpo adolescente.
Un anillo con una piedra verde y otro con una piedra negra,
en las manos que transportaban hojas y carpetas
en un todavía, no sabía cómo abrazar lo que quería, sintiéndolo.

No había una correspondencia entre las palabras los actos y el futuro
estaba dado vuelto, como ahora, lo pongo para ir contra una acción acomodada
adultez,
una pareja, dos hijxs, ganar dinero.

Sigo cosas difusas que para mí son profusas, intento atraerlas con el pensamiento,
aunque haya personas que me hagan sentir tonta
por no responder de una manera automática.

No hay espacios donde esté permitido no saber exactamente
qué querés o esperás pase.
Un vaivén, un aleteo, un regalo como el que me trajiste aquella vez.

Yo lo sigo guardando, sin ponérmelo, en un museo invisible de únicos momentos.

A veces, cuando voy en tren desde mi casa al lugar donde trabajo
se produce una nube que distiende la vista y me dan ganas de abrazar el mundo
cómo sería
un día que no pase desapercibido
sino que envuelve a los humanos en un capullo,
pico flor estómago de un ave
y en ese ajetreo feroz por la supervivencia
me haga amar
destartalar las máquinas.











lunes, 13 de abril de 2020


Salimos a la noche a observar las estatuas.
Una ciudad vacía nos despertaba hasta entender el pulso
vamos despiértense, qué esperan,
sentíamos la aridez de ese silencio, que nos volvía soberbios.
Años 90, años dos mil, hace un rato.

Queríamos que la ciudad estuviera a nuestros pies?
O que ella tuviera pies y nos llevara de un lado al otro?
plazas, parques, bulevares
charlar de cualquier cosa a cualquier hora.


Y llegamos a un monumento de bronce verde, nos trepamos y lo tocamos.
Creíamos que así las cosas muertas renacerían?
Darían señales que nunca habían dado porque nunca las habían tocado?
Nosotros las dejaríamos escritas con las manos mientras caminásemos.

Creemos en la respiración
creemos en la respiración lenta
creemos en la respiración lenta de las cosas muertas
y nos dejamos llevar por rejas
relojes
carteles
barandas
paradas.

Y escribimos
tomando la temperatura de las construcciones
imaginando cómo había sido la mano que había dibujado cada cosa,
cada lugar,
cada cabeza que piensa cada cosa en un lugar,
burócrata,
diseñado,
un partido político
la gobernanta
llenamos el vacío con ideas
la noche con poemas
hasta llegar a hacer un ruido tibio

dejamos caricias que se mezclaron con los días
entre sueños sabemos que pasó la realidad.



domingo, 12 de abril de 2020


Habíamos llevado libros y piyamas cómodos. Un farol.
Y una libreta en la que retratamos lo que veíamos.
La pava dispuesta sobre una hornalla. Un árbol de higos.
La vereda de una pequeña casa de vacaciones.
De día mirábamos, pintábamos, dibujábamos.
De noche nos emborrachábamos y dibujábamos mamarrachos sobre la arena.
Una vez creímos que lo que dibujábamos sucedía.
Era un pensamiento viejo que se nos hacía nuevo viviéndolo.
Por ejemplo, un pez con escamas rosas, venía al lado nuestro y no sabíamos si comerlo o cuál era su mensaje.

Entonces quedamos que a la hora de la siesta iba a hacer de noche de ahora en más.
Y me gustó cómo es que el día cambia con una palabra, una proposición.
Y llevamos muchas cervezas a la orilla.
Y creímos ver cualquier cosa que de golpe sucedió.
Y pasó que sin saber exactamente qué colores agarrábamos
los agarramos y pintamos como quisimos
las paredes de la casa
y nos metimos en un mar muy hondo sin hacer pie sobre el piso de la cocina.

Hasta que nos patinamos y nos caímos en nuestras propias imágenes
mitad cuerpos desnudos mitad vestidos
con un lápiz en la mano que atravesaba cada cosa presente.
Y nunca llegábamos a ninguna conclusión.
Eso era lindo. El ridículo.
Sin querer comprobar nada probábamos, probándonos de todo.







sábado, 11 de abril de 2020


No pude despedirme de mis libros, uno al lado de otro,
sus lomos de colores forman una corona que decora
o capa protectora de mi cuerpo.

Ayer encontré uno en otro idioma que me habías traído de un país al que nunca fui.
Por qué me lo trajiste si no entendía el idioma en el que estaba escrito?
Y moviendo sus páginas encontré una pequeña postal que decía que habías
relacionado la tapa con mi vida
y que en ese instante me extrañaste.

Después saqué otro y lo hojeé y encontré un dibujo hecho por mi hija que consistía en un candelabro con tres velas que proyectaban la frase
camino de luz.

Después me acordé de una frase dicha por una persona que usa palabras
con la forma de un bonete
parecen divertidas pero terminan en punta hacia arriba agujerean el tiempo.

Dijo que las palabras a mí me defendían
y yo no creo en la palabra guarda espalda
aprendí a contestar,
y después también pude crear una biblioteca
un cuadro respecto del cual ponerme abajo
como si fuese una fuente, un manantial
que entiende cuando no me siento entendida por los demás.

Un refugio y una aldea.
Una idea y un país.
Un amante y un amigo.
Ganas de levantarme cada mañana
pensar, decir y compartir
cuáles son jugosas
dulces
buenas
en la boca que nombra que no hiera.










viernes, 10 de abril de 2020


Estar callada es estar en un espacio sin distracción.
Es una celda, un cuarto vacío?
Un sauna?
Un pequeño espacio sobre la arena en la que alguna vez tendí una toalla?
Me gusta el verbo tender
sería avisarle al paisaje que algo está por pasar.
La ropa
la sábana
la lona para echarse.
Son movimientos después de días de mucho calor.
Un resguardo.
Pienso cuando me traés comida.
Un libro.
Una palabra, sin ser vistosa, reconforta.

Mis espejos son libros
clases.
deberes.
Los momentos que entendés algo que no llego a expresar.
Un animal dibujado con agua sobre el piso
un animal de saliva en la boca
un camino transparente que se evapora, atrae mi atención.

Saqué una casita, una bañadera, regalos que no fueron queridos.
Manuscritos.
Obra en madera
Tela y papeles
sus caras no me representaban
los días en los que los había realizado
fueron una trampa.

No todo registro es de fiar.
Si me deshago de las cosas que fui
le doy la bienvenida a otra vida que nos sabía que tenía.











jueves, 9 de abril de 2020


Esta música envuelta en casete.
La quise la conseguí.
De todas partes del mundo llegaron a este cuarto.
No es una sala de grabación acustizada. Una sala quirúrgica vos entrás
y vos te quedás del otro lado.
En la planta alta se escuchan voces de abajo.
Y entre la música queda grabada parte de una conversación.
Pelea. El aplauso en la puerta de alguien que vino a visitarme.

Después de haber sacado la colección a la calle
me pregunto si la verán
qué harán con esa música especial pasada de moda.
Pensarán. Qué es esto. Cientos de cintas.

Hay una forma informe de deshacerse de lo que una fue.
Romper, separar, para qué.
Si hubiera sacado cada cinta de sus cajitas hubiera obtenido un tumulto de letras enredadas.

Cómo sería tener una cama, una mesa de luz, una biblioteca hecha de este plástico
fino caudal de emociones.
Hubiera quedado un estado nube marrón o de otro color si las hubiese pintado.
Era una forma de serles infiel a quienes me quisieron.

Queridas canciones: el corazón es una inmensa caja que contempla
de cada amigo un sonido.
Si me coloco auriculares se despliega un biombo entre mi vida de ahora y la de antes. Puedo elegir qué escuchar de quiénes esconderme.
No quiero ver todo lo que vi.
Sólo los tobillos de la realidad desnuda delante de mí.
La sigo porque ella conoce cuando llega el momento,
de sacarse un saco, el pasamontañas, el vestido,
y cerrar los ojos al lado de otra persona como la vez que me guiaste a oscuras por tu casa que nunca había ido.
Sigue siendo un lugar inmenso, dejarme llevar.



miércoles, 8 de abril de 2020


Que no sean palabras las que nos abracen.
Ahora mismo lo que escribo dejo de escribir.

Llegás en un momento, ya había resucitado con la mente estos instantes.

Que suba, y subiste.

¿Un milagro es un pedido del silencio vuelto real?

¿O un ser que la realidad expone para que lo contraste con algún tipo de ausencia?

Te sentás donde estoy y te sacás los zapatos.

El movimiento de los pies descansados hace que tus ojos se fijen en mí.

Palabras sueltas rebotan en un paladar muerto.

Estanterías desde los pies hasta las rodillas,
desde las rodillas hasta el pecho y del pecho a la cabeza.

Abrimos la boca para que se salgan palabras que no nombran este recreo.

Vuelvo a la rutina y ya te extraño.






martes, 7 de abril de 2020


Cómo se guardan las hojas sino no van unas encima de otras?
Hay forma?
Una manera disparada ocuparía más espacio,
desparramadas, echas un bollo, torcidas, rotas.

Desde los 12 años un trabajo de archivo secreto.
Una caja para las obras vistas de danza.
Otra para las de posgrados.
Otra para la música y así, era un museo que no tenía fin, mi cuarto. Un reglamento.
Entonces lo abrí.
Como quien abre una jaula que tiene en su vientre un animal salvaje desde hace años.
Un león, un elefante, un cóndor, que el cautiverio cautivó su alma.

Y dejé que se fueran mis cosas de mi propia mano,
vayan, ya está, es suficiente
están preparadas, háganme caso.
Se convertirán en basura y luego en manos de quienes resucitan,
habrá bolsos, papeles, cortinas, zapatos.

Que las palabras sean nuevas no significa que no sean para volver a envolver.
Será una sorpresa convertirse, en vaya una a saber, qué.
Que si no se saben guardan esperma, una esperanza.

Un colibrí tiene la capacidad de inseminar mi pensamiento?
o mi mente una planta salvaje?

Será un revuelto alto mágico dar por finalizado lo que ya pasó.
Es tirarle de las orejas al recuerdo para que se dé por aludido de que ya no cumple años.

Ahora me doy cuenta en el vacío que lo único que no se dejó aplastar fueron dos tallos
de dónde los cortamos?
hace cuánto?
qué se nos pasó por la cabeza querer atesorarlos?

Enredados quedaron uno sobre otro, todo este tiempo, como si hicieran el amor
hacen el amor
los llevo a un rincón de la vereda
para que desde allí propaguen
sin pudor
letras por venir.